
Una amalgama de paisajes lunares desérticos y montañas áridas, salpicados con las ruinas de grandes civilizaciones antiguas, y gobernado hasta 2006 por un lunático postsoviético que cultivó uno de los cultos de personalidad más bizarros de la historia, este es un viaje fuera de lo común, difícil (cortesía de una oficialidad podrida), pero potencialmente muy gratificante.